El punto sobre la i

Arturo Damm

“La riqueza no tiene límites. Pensar que uno es pobre porque otro es rico, es como decir que uno está enfermo porque otro está sano.”

Antonella Marty

Para entender la afirmación de Marty hay que responder ¿qué es la riqueza?, una de las preguntas que responde Adam Smith en Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Smith se preguntó por la naturaleza de la riqueza, en qué consiste, y por sus causas, cómo se origina.

¿En qué cosiste la riqueza? No en el dinero, que no es más que el medio de intercambio de la riqueza, que consiste en los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades, la mayoría de los cuales hay que producirlos.

¿Qué necesidad satisface de manera directa el dinero, entendiendo por tal cualquier cosa que se acepte como medio de intercambio, desde granos de cacao o plumas exóticas, pasando por monedas de oro y plata, hasta billetes de papel o criptomonedas? Una sola: la necesidad de superar las limitaciones del trueque, del intercambio directo: vino por pan o ropa por zapatos, superación necesaria para elevar nuestro nivel de bienestar, que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que disponemos, satisfactores que, dada la división del trabajo (Juan produce vino y Pedro produce pan; Andrés produce ropa y Felipe produce zapatos), debemos comprar, habiendo dos maneras de hacerlo: por medio del intercambio directo, trueque, o a través del intercambio indirecto, para lo cual  necesitamos un medio de intercambio, el dinero.

Riqueza es todo lo que podemos adquirir por medio del dinero. ¿Y qué es lo que adquirimos por ese medio? Los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades, que hay que producir.

Marty afirma que la riqueza, los bienes y servicios, no tiene límites, afirmación que a muchos puede parecerles equivocada. El hecho es que, si algo llama la atención, es la capacidad del ser humano para producir riqueza: para producir más, y mejores, bienes y servicios. Comparemos (imaginándola) la situación de los primeros seres humanos en este planeta con la que enfrenta hoy un consumidor, con suficiente poder de compra, en un centro comercial. La diferencia está en la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios, que hoy es mucho mayor y mucho mejor que entonces y que, de contarse con el marco institucional que lo hace posible, que es el de la economía de mercado, basada en la libertad individual (laissez faire), la propiedad privada (laissez avoir) y la responsabilidad personal, seguirá creciendo y mejorando.

En el marco de la economía de mercado la creación de riqueza de parte de unos no es la causa de la pobreza de otros, de entrada porque la pobreza no tiene causas: la pobreza es la condición original del ser humano en este planeta, pero la riqueza sí las tiene, como se dio cuenta Adam Smith, quien respondió no solo a la pregunta por la naturaleza de la riqueza, sino también a la pregunta por sus causas.

Hoy, que todavía hay millones de seres humanos sobreviviendo en la pobreza, vale la pena volver a Adam Smith y, sobre todo, tener claro que la riqueza, en el marco de la economía de mercado, no es la causa de la pobreza.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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