El punto sobre la i

Arturo Damm

“A los tecnócratas liberales sí nos obsesiona el crecimiento, porque lo que queremos es equidad en la prosperidad y no igualdad en la miseria.”
Isaac Katz

¿Por qué es importante el crecimiento de la economía? Porque el problema económico de fondo es la escasez, el hecho de que no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis. Una de las condiciones que debe cumplirse para minimizarla, y elevar el bienestar, es que se produzca la mayor cantidad posible de bienes y servicios para el consumo final, para la satisfacción directa de las necesidades, producción que se conoce como el Producto Interno Bruto, PIB, variable con la que se mide el crecimiento de la economía, que es una variable cuantitativa, que influye de manera importante en lo cualitativo, por el ejemplo, en el desarrollo y en el bienestar.

Sin una dotación adecuada de satisfactores no puede haber, ni desarrollo, ni bienestar. Sin una mayor dotación de bienes y servicios no puede haber, ni más desarrollo, ni más bienestar. Todo empieza por lo cuantitativo, por el crecimiento de la producción.

Si el crecimiento de la economía es importante, entonces el fin debe ser crecer lo más posible, crecimiento que, por medirse por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, depende de las inversiones directas, que son las que se destinan, precisamente, a producir bienes y servicios, y, por ello, a crear empleos (alguien tiene que trabajar en dicha producción) y a generar ingresos (a la gente se le paga por trabajar). Todo ello (producción de satisfactores, creación de empleos, generación de ingresos), depende de las inversiones directas, que dependen la de la confianza de los empresarios para invertir en un país. Todo comienza por la confianza.

Si la población crece, y la economía no crece o decrece, la producción por habitante disminuye, pudiendo llegarse a la situación que Katz llama igualdad en la pobreza.

Por el contrario, si la economía crece más que la población, la producción por habitante aumenta, pudiendo conseguirse la situación que Katz llama equidad en la prosperidad, sobre todo si por equidad entendemos, como la define el diccionario, la disposición de ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

Dar a cada quien lo que merece (equidad) es distinto a dar a cada uno lo que necesita (justicia social que, por ser social, deja de ser justicia). Lo que cada uno necesita debe obtenerlo según lo que merece, y lo que cada uno merece, sobre todo en su calidad de agente económico, que por un lado produce, ofrece y vende, y por el otro demanda, compra y consume, es lo acordado en el mercado con su contraparte. Por ejemplo: el salario pactado entre el trabajador y el patrón.

El primer paso hacia el bienestar (que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que cada quien dispone), es el crecimiento de la economía, el aumento en la producción de bienes y servicios. El reto no es solo producir bienes y servicios, sino producir más bienes y más servicios, condición necesaria para reducir la escasez y, por ello, para aumentar el bienestar, que puede medirse, al menos de manera aproximada, por el comportamiento de la producción por habitante, que debe aumentar, para lo cual el crecimiento de la economía debe ser mayor que el crecimiento de la población.

Desafortunadamente hay gobernantes que consideran que el crecimiento de la economía no importa, y que el énfasis que algunos economistas ponemos en el tema es producto de una obsesión malsana. Podrá tratarse de una obsesión, pero nunca será malsana. ¡Al contrario!

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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