Las contradicciones sociales del capitalismo según Marx

Santos Mercado

“Marx nunca entendió el papel del empresario. Por tanto, sus supuestas contradicciones sociales del capitalismo carecen de valor alguno.”

Muchos marxistas se embelesan con las supuestas “contradicciones sociales irresolubles” descubiertas por Carlos Marx y que sirven de fundamento para promover la “revolución proletaria”. Están totalmente equivocados, aquí lo demostraré.

Artificialmente Marx divide a la sociedad en explotados y explotadores: Los obreros explotados, los empresarios explotadores. Habría tenido mayor consistencia si hubiera dividido altos y chaparros, gordos y flacos, blancos y no blancos, serían clasificaciones igual de irrelevantes. Aceptemos, como materia de estudio, su división de obreros (proletarios) y empresarios (burgueses).

Dice que son enemigos de clase, enemigos irreconciliables. ¿De dónde saca esa afirmación? Si fueran enemigos, uno no trabajaría para el otro, ni siquiera se mezclarían, no se hablarían, ni se mirarían y si de casualidad se encuentran sacarían la pistola o el puñal para clavarlo en el corazón del otro.

Pero resulta que el obrero se acerca a las puertas del empresario para ofrecerle sus manos, su tiempo, su talento y conocimiento a cambio de un salario. El obrero es un vendedor y el empresario es su cliente. Puede ser que lleguen a un acuerdo y en tal caso, firman un contrato.

Nadie obliga a nadie. Es decir, el patrón no le pone una pistola en la cabeza al proletario para que trabaje a fuerzas. Si el trabajador no está conforme con el salario o con las condiciones de trabajo simplemente no firma y busca a otro patrón o se dedica a otras actividades. Igual, si el patrón no siente confianza de alguien, no está obligado a contratarlo. Así es en el capitalismo, son operaciones voluntarias de compra-venta.

En capitalismo las personas son libres de buscar una empresa para garantizar un salario fijo semanal, quincenal, mensual o por obra determinada. O bien, pueden dedicarse a la actividad de comerciantes: compran un costal de naranjas y la venden por rebanadas. Pero si cuentan con algo de capital, compran madera, clavos y serruchos, hacen sillas y las venden a quien les guste. Incluso, esa persona puede contratar a otras para hacer hamburguesas y ofrecerlas al público. Nadie tiene prohibido dedicarse a lo que le guste. Incluso, tiene la libertad de ser un vago o limosnero y vivir de lo que los parroquianos quieran darle. Si no existe esta libertad, es que ese país no es capitalista. Lo que ninguno puede hacer es matar, robar o cometer fraudes.

Centremos nuestra atención en el obrero y el patrón a fin de ver si tiene consistencia la supuesta rivalidad o enemistad “irreconciliable” que pregona Carlos Marx.

El obrero es un ser racional, igual que todos los seres vivos: su comportamiento natural es el de intentar obtener lo más dando lo menos, esto es el Principio de Racionalidad Económica. Por eso nunca va usted a ver a un obrero buscando una empresa donde le paguen lo menos posible y que trabaje lo más posible, sería un obrero irracional, pero eso no existe. Más bien, ese obrero tratará de encontrar una empresa donde le paguen lo mejor posible y pueda dar lo menos posible, es decir, trabajar menos horas, o hacer menos esfuerzos. Es decir, tratará de maximizar su beneficio, es lo normal.

Por el lado del patrón: necesita trabajadores, pero no puede forzar a nadie para que le trabaje. Solo pone un letrero “plazas vacantes” y llegan decenas o cientos de aspirantes. Naturalmente, debe elegir a los mejores y ofrece el menor salario posible. Si no lo hace así, tiene el riesgo de desaparecer como empresario. Busca así el mayor beneficio. Nótese que obrero y empresario se manejan con la misma lógica. Ambos buscan ganar lo más posible dando lo menos posible. En esa conducta es donde se forma el equilibrio.

Ambos, obrero y empresario se mueven por la necesidad. Nadie puede decir quién tiene más necesidad, resultaría ocioso.

La ganancia o salario que obtiene el obrero lo usa para alimentar, vestir y educar a su familia y a él mismo, pagar la renta de su casa y otros gastos. Si el sueldo no le alcanza, su obligación es buscar otro trabajo u otra actividad que le sea más rentable, tiene esa libertad.

Los ingresos que saca el empresario los distribuye en pagar salarios, pagar créditos, seguros, materia prima, reponer maquinaria vieja, comprar nuevas tecnologías, poner sucursales en otros lugares, contratar nuevos trabajadores y generar nuevos productos. Y también para el gasto de su familia.

Los beneficiarios del trabajador son su esposa, hijos, sus padres y abuelos, quizás. Los beneficiarios del empresario son sus trabajadores, los que le surten la materia prima, los que compran sus productos, son incontables.

El obrero consume todo lo que gana; el empresario consume para sí y su familia una porción muy pequeña de sus ganancias, el resto le sirve para invertir y así beneficiar a miles de trabajadores. Las ganancias del empresario benefician a miles de trabajadores.

Por lo tanto, ¿de dónde saca Carlos Marx que el empresario, el patrón o el burgués es enemigo de los trabajadores? Solo una mente limitada o enferma puede sostener esa supuesta rivalidad. Provoca artificialmente que los trabajadores golpeen al patrón y terminan por ser golpeados ellos mismos y otros muchos trabajadores que no se ven.

Comprender este punto nos debería llevar a concluir que los burgueses son los verdaderos arcángeles de la sociedad, son los generadores de riqueza y bienestar y que no solo se les debe reconocer y proteger, sino impulsar a que haya cientos o miles de nuevos empresarios.

Pero Carlos Marx decía que había que destruir a la burguesía. Una mente enferma que contagió a muchos incautos. Seguramente Marx pensaba que el burgués almorzaba fajos de billetes o que tenía una alberca llena de centenarios para nadar en ellos. Marx nunca entendió el papel del empresario. Por tanto, sus supuestas contradicciones sociales del capitalismo carecen de valor alguno. Solo fueron un invento perverso para hacer pelear a unos contra otros y así destruir a la sociedad.

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