El punto sobre la i

Arturo Damm

“El gobierno es, en realidad, el peor fracaso del hombre civilizado.”

H. L. Mencken

¿Qué es el gobierno? Una organización con el poder para obligar, prohibir y castigar, es decir, para limitar la libertad individual y la propiedad privada, comenzando por el poder para obligar a los ciudadanos (limitando su libertad) a entregar parte del producto de su trabajo (limitando su propiedad), que en eso consiste el cobro de impuestos (que afecta tanto a la libertad individual como a la propiedad privada), sin los cuales no hay gobierno que sobreviva.

¿Qué justifica dicho poder, que es el poder para limitar la libertad individual y la propiedad privada? La única respuesta correcta es: garantizar el respeto a los derechos de las personas. ¿Cuándo se justifica limitar la libertad individual? Cuando se usa de mala manera, para violar los derechos de los demás. Por eso debe limitarse. Eso es lo que justifica ciertos mandamientos, expresados de manera negativa: no matarás, no secuestrarás, no robarás, o expresados de manera positiva: respetarás el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de los demás.

¿Por qué necesitamos gobierno? Porque no todos los seres humanos están dispuestos a  respetar los derechos de los demás, porque no todos están dispuestos a convivir civilizadamente, convivencia civilizada que consiste en el respeto a los derechos de los demás, es decir, en la justicia, en la virtud por la cual damos a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual.

El precio que hay que pagar para convivir civilizadamente es el respeto a los derechos de los demás, lo cual nos plantea esta pregunta: ¿y qué hacer con quienes no están dispuestos a pagar ese precio? Es por ello que se necesita del gobierno, de una organización con la legitimidad y fuerza suficientes para hacer valer los derechos de todos, para hacer valer la justicia, siendo ésta, hacer valer la justicia, la única tarea legítima del gobierno, la única que justifica el cobro de impuestos.

La afirmación de Mencken –el gobierno es el peor fracaso del hombre civilizado– puede entenderse en un doble sentido. Primero: dado que no todos están dispuestos a convivir civilizadamente, respetando los derechos de los demás (fracaso), es que necesitamos del gobierno. Segundo: dado que el gobierno no se limita a garantizar los derechos de  todos, ya que además satisface necesidades (socialismo) y defiende intereses (mercantilismo), termina violando derechos de los ciudadanos (fracaso), limitando más de lo estrictamente necesarios la libertad individual (por ejemplo: con el mercantilismo prohíbe la compra de productos extranjeros) y la propiedad privada (por ejemplo: con el socialismo redistribuye el ingreso, quitándole a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo, es de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo, no es de Juan).

El gobierno se justifica por la necesidad de mantener a raya a los inciviles, incapaces de convivir civilizadamente, respetando los derechos de los demás. El problema es que ningún gobierno se limita a garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos. Todos pretenden, además, desde satisfacer necesidades hasta defender intereses, con el agravante de que en muchas ocasiones esos intereses y esas necesidades se definen arbitrariamente como derechos, por lo cual hemos caído en la trampa: dado que la legítima del gobierno es garantizar derechos, si necesidades e intereses se identifican como tales, y el gobierno satisface las primeras y defiende los segundos, está cumpliendo con su legítima tarea: garantizar derechos.

Considerar que necesidades e intereses son derechos ha llevado a la expansión del gobierno, cuya tarea es garantizar derechos, y no olvidemos que a más gobierno menos libertad individual y menos propiedad privada.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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