El punto sobre la i

Arturo Damm

“La única ventaja directa del comercio externo son las importaciones. Exportamos para poder importar.”

John Stuart Mill

A la pregunta ¿qué es más importante, exportar o importar?, por lo general se responde exportar, pasando por alto que con lo que exportamos satisfacen sus necesidades los extranjeros y con lo que importamos las satisfacemos nosotros, y nuestro fin es satisfacer nuestras necesidades, no las de los demás, por  más que, allí donde hay división de trabajo, y se respeta la propiedad privada, para que yo satisfaga mis necesidades debo ayudar a que los otros satisfagan las suyas. ¿Cómo? Por medio del intercambio, ya sea entre personas de la misma nacionalidad, comercio intranacional, ya sea entre personas de nacionalidad distinta, comercio internacional, ubicándonos entonces en el campo de las importaciones y las exportaciones.

La pregunta ¿qué es más importante, exportar o importar? es tramposa, porque las dos actividades son importantes, siendo dos caras de la misma moneda, no pudiendo haber una sin la otra, como no puede haber compra (importación) sin venta (exportación). La pregunta correcta es ¿cuál es el fin y cuál es el medio? Stuart Mill da la respuesta: exportamos para poder importar. El fin es importar. El medio es exportar.

En el ámbito de la economía se distinguen dos campos de actividades, claramente diferenciados. Por un lado están la producción, oferta y venta de bienes y servicios. Por el otro se encuentran la demanda, compra y consumo de satisfactores. En un extremo está la producción y en el otro el consumo, siendo éste el fin y aquella el medio: se produce para poder consumir, para poder satisfacer necesidades.

Las exportaciones, que suponen producción, oferta y venta, se ubican, por eso mismo, en el lado de la producción, oferta y venta, es decir, en el lado de los medios. A las importaciones, que implican demanda, compra y consumo, las encontramos, por ello mismo, en el lado de la demanda, compra y consumo, en el lado de los fines. Exportamos (vendemos) para poder importar (comprar), de la misma manera que vendemos (exportamos) para poder comprar (importar).

La actividad económica terminal, aquella que le da sentido a todas las demás, es el consumo, definido como el disponer del satisfactor, para, valga la redundancia, satisfacer la necesidad: del aire para respirar, del agua para beber, del alimento para comer, etc. En un mundo en el cual todas las necesidades estuvieran total y definitivamente satisfechas el consumo no tendría razón de ser, de hecho resultaría imposible, y tampoco tendrían sentido las otras cinco actividades económicas: producción, oferta, venta, demanda y compra. En un mundo así no habría economía, comenzando porque no habría escasez. Tampoco habría, ¡dado que no habría necesidades!, satisfacciones. Ese mundo no valdría la pena.

Dado que el fin de la actividad económica es la satisfacción de las necesidades, es decir, el consumo, es que el fin del comercio exterior es la importación no la exportación, algo que muchos no entienden, falta de entendimiento que conduce a políticas económicas equivocadas, como son las proteccionistas, que pretenden incentivar las exportaciones y desincentivar las importaciones, lo cual no quiere decir que, por ser las importantes el fin del comercio exterior, el gobierno deba hacer lo contrario: incentivar las importaciones y desincentivar las exportaciones, algo que, por tratarse de dos caras de la misma moneda, resulta a la larga imposible, como también resulta con el proteccionismo, algo que muchos no acaban de entender.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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